Esta primera vuelta electoral nos deja una conclusión tan clara como lamentable: la política en el Perú sigue siendo una carrera de caballos. Para la mayoría de la ciudadanía resulta intrascendente durante casi todo el trayecto; solo en los últimos 100 metros aparece el interés, las apuestas y la atención masiva.
Este fenómeno no es casualidad. Es el síntoma de un problema estructural que se puede desglosar en cuatro claves fundamentales:
1. Brecha profunda entre la política y la ciudadanía
El Congreso ha concentrado cada vez más poder sin contrapesos reales, con escasa sensibilidad a las críticas de los medios y, mucho menos, de la ciudadanía, perdiendo toda la credibilidad; mientras tanto, otras instituciones importantes, como el Poder Judicial, la Fiscalía y el Tribunal Constitucional, han perdido valor ciudadano. El peruano llega a cada elección con una desafección crónica autoaprendida: ha internalizado que la política no es la vía para mejorar su vida, sino su propio esfuerzo diario y su trabajo.
Según el Latinobarómetro 2024, solo el 10% de los peruanos se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia, uno de los niveles más bajos de la región. Esta brecha genera un electorado distante, desconfiado y poco movilizado hasta el tramo final de la campaña.
2. Reglas de juego poco claras y alta incertidumbre
La fragmentación partidaria es extrema en un país con muy baja filiación política. Las figuras relevantes que postulan al Congreso se reparten entre múltiples partidos sin saber con certeza quién será el candidato presidencial, ni si esa organización logrará conformar una lista competitiva. Esto dispersa el capital político, ineficiencia y confunde a la ciudadanía.
A ello se suma la incertidumbre generada por los procesos de exclusión de candidatos del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que retrasan el arranque real de las campañas y obligan a muchos equipos a operar en modo “emergencia” en lugar de ejecutar una estrategia de comunicaciones planificada.
3. Carencia de investigación y falta profesionalismo
La gran mayoría de candidaturas presidenciales y congresales carecen de experiencia en campañas profesionales. Faltan estudios serios de opinión, análisis histórico de voto, definición clara de público objetivo y una narrativa coherente.
Muchos candidatos confunden “llamar la atención” con generar credibilidad, sin entender que la comunicación política sigue un proceso secuencial. En Perú, vimos ejemplos claros como candidatos progresistas inscritos en partidos conservadores, candidatos con ideología de izquierda haciendo campaña a públicos claramente de derecha y viceversa. Muchos políticos son “part-time” y dedican unas horas del día a la campaña y gran parte del tiempo en su trabajo, vida familiar o pasatiempos.

4. Cultura política pobre y partidos sin brújula
La mayoría de los presidentes de partidos funcionan más como administradores de una organización para captar fondos, mantener la estructura y cubrir cupos de candidatos, pero casi ninguno es líder con visión de país.
La consecuencia es evidente: algunos partidos tienen mensaje, pero carecen de brújula estratégica; otros ni siquiera tienen narrativa clara. Llegan a la elección con más voluntarismo que con una estrategia profesional de largo plazo.
Conclusiones estratégicas
En este escenario, Fuerza Popular se consolidó como el partido con mayor cohesión interna, narrativa consistente y trabajo permanente en el territorio. Esa disciplina le otorga mayores probabilidades de llegar a segunda vuelta y de mantener un peso relevante en el próximo Congreso; considerando que es un partido que se postula por cuarta vez a la presidencia.
Sin embargo, el saldo general es preocupante: la baja efectividad de las campañas ha generado comunidades que buscan “figuras políticas”, ms que líderes que puedan elegir con convicción. El resultado, son liderazgos de cristal, frágiles y vulnerables, incapaces de sostener narrativas a lo largo del tiempo. De allí surgió la sucesión de “candidatos de moda” cada tres días: desde Carlos Espá hasta Ricardo Belmont, pasando por Wolfgang Grozo, Jorge Nieto y Marisol Pérez Tello, que tuvieron picos de adhesión según las encuestas.
La lección final es dura pero necesaria: en la política peruana actual puede “salir cualquiera”. El azar y la volatilidad siguen mandando. Un candidato puede llegar al debate presidencial casi sin estructura y aun así tener chances reales de ser elegido. Este diagnóstico confirma que las campañas ganadoras no se improvisan en los últimos 100 metros, se construyen con estrategia, datos, narrativa consistente y profesionalismo desde el kilómetro cero.
Para quienes trabajamos en consultoría política, cerrar la brecha entre la ciudadanía y la política ya no es una opción: es una más que una urgencia si queremos que la democracia peruana deje de ser una simple carrera de caballos.
Escriben:
Luz Cunyarache, periodista internacional y analista política.
David Abello, Analista y consultor político de Runacompol.